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Menchu Barba - Pasear por las laberínticas calles de Fez
transporta a mundos pasados en los que alfareros, forjadores y artesanos
conviven con el visitante extranjero, que no deja de sorprenderse observando sus
gentes y olfateando los múltiples aromas y olores que inundan la atmósfera de
esta ciudad. Fundada en 799, años más tarde Fez se convertiría en la primera
capital del reino de Marruecos y volvería a ostentar esta condición en dos
ocasiones más durante los reinados de los Merínidas y de Moulay Abadía, hasta
que en 1913 los franceses otorgan la capitalidad a Rabat.
En realidad, Fez son tres ciudades en una. La ciudad nueva, fundada por los
franceses en 1920 y sin ningún interés para el visitante, Fez el Bali y Fez el
Jedid o Fez la Nueva, una ampliación de la metrópoli anterior, realizada bajo la
dinastía de los Benimerines en el siglo XIII. Pero es, fuera de toda duda, el
laberinto medieval con más de 9,400 calles que conforma Fez el Bali lo más
atractivo de Fez. Los distintos gremios profesionales que coexisten allí se
distribuyen en diferentes barrios según la especialidad que ejercitan,
existiendo el barrio de los artesanos, el de los alfareros, forjadores,
sastres... Perderse por el zoco de Fez se convierte en todo un placer para los
sentidos si te dejas llevar por el instinto y el olfato. Las calles, sinuosas y
muy estrechas, y las casas, muy altas, dejan pasar pocos rayos de sol
conformando unos juegos de luces y sombras enigmáticas y misteriosas; algo que
acrecienta la sensación de estar en otro mundo.
Espejos, perfumes, gallinas, palomas, platería, oro, babuchas, sandalias,
chadores, chilabas, tambores, verduras, frutas, alfarería, cerámica, forjados,
hierbas (nada ilegal), especias, retratos del rey, cereales, libros,
cristalerías y todo lo imaginable, todo, está aquí. El constante traqueteo de
los burros, cargados con mercancías de diversas procedencias, te transporta a un
mundo de ensoñación únicamente roto por el grito de “barak” con el que el dueño
del animal avisa a los transeúntes del paso del asno.
Curtidores de pieles
Fez se muestra al viajero como una ciudad para oler, probar y tocar. Además de
haberse convertido en uno de los principales reclamos turísticos de la ciudad,
el barrio de los curtidores suministra la materia prima para los clásicos
artículos de marroquinería que dan fama internacional a este país. Es una de las
zonas más famosas y visitadas de Fez, ya que allí se encuentran las célebres
curtidurías donde se lleva al cabo todo el proceso de transformar las pieles
animales en productos de marroquinería. En todo Marruecos sólo existen dos
ciudades (Fez y Tetúan) donde se practiquen estas técnicas de curtir y tintar
las pieles siendo el Suq de la Medina de Fez el más conocido.
La tenería de Al-Chauara es la más importante de la ciudad. Alrededor de un
patio central, donde se disponen numerosas fosas de ladrillo, se sitúan los
talleres donde se procesan las pieles. Unos cientos de curtidores se introducen
en las fosas de diversos colores para remojar, lavar y frotar las pieles.
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