Turismo “Gapper”, disfrutar del verano dedicandonos a buenas causas

Written by Redacción Viajar on 7 Julio 2007 – 9:17 -

Rescatar pingüinos en Ciudad del Cabo o dar clases en Perú son algunas de las actividades demandadas por los gappers o, lo que es lo mismo, quienes quieren hacer un largo paréntesis en el trabajo o en el estudio para satisfacer sus inquietudes vitales.

Agencias - El fenómeno gapper, que se está poniendo de moda en el mundo, surgió en Gran Bretaña en la década de los 80 y en la actualidad son más de 200 mil los británicos en edades comprendidas entre los 18 y los 45 años que optan por un año sabático o gap year antes o después de comenzar sus estudios universitarios.

Extendido a otras partes de Europa como Holanda, Alemania o los países escandinavos, a España acaba de llegar de forma organizada de la mano de la empresa Sabática, que calcula en 11 millones de personas el potencial de público interesado.

Según dijo Meritxell Morera, una de las creadoras de la compañía, la idea surgió cuando trabajaba en una fundación especializada en viajes destinados a gente joven en Copenhague.

La empresa ofrece un servicio de consultoría dedicada a organizar distintos programas educativos, de voluntariado social y medioambiental o trabajo en el extranjero.

Los interesados que más solicitan estos servicios son los jóvenes, aunque en el futuro se espera que la demanda crezca entre profesionales con un poder adquisitivo más elevado.

Entre sus clientes hay también ejecutivos que necesitan hacer un paréntesis, funcionarios o personas que se toman una excedencia, solteros o parejas sin hijos y quienes desean reorientar completamente su carrera profesional.

Un ejemplo: en Noruega un gapper puede convivir con una familia de granjeros noruegos y colaborar en tareas agrícolas o vivir en granjas de turismo rural para aprender su cultura e idioma, a cambio de alojamiento, manutención y un dinero “de bolsillo”.

La oferta gapper también incluye servicios para empresas, con programas diseñados a medida para aprender una habilidad concreta o incluso participar en actividades de voluntariado de corta estancia.

La duración de los viajes es muy variable, desde un mínimo de una semana o quince días hasta varios meses o un año, según el destino.

Su precio también oscila mucho dependiendo de estos factores, aunque según Meritxell Morera, existen programas para todos los bolsillos y por ejemplo una estancia de ocho semanas en Arizona para conservación del medio ambiente puede costar 726 euros, sin embargo, si el plazo se alarga a doce semanas o más, el costo se reduce a 400.


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