Valle del Madriu en Andorra, una ruta llena de tesoros naturales y culturales

09 Ramio Vall del Madriu

 

Una ermita románica, lagos donde practicar submarinismo o dormir en un refugio, entre las muchas opciones que te ofrece este paraje en Andorra.

El parque, con un área de 4.247 hectáreas, ocupa casi una décima parte del país, y cuenta con cotas que alcanzan los 2.500 metros de altitud.

El Parque del Valle del Madriu, en Andorra, es uno de los espacios más accesibles y sorprendentes del país. El valle tiene una larga historia, geológica y natural, y refleja la convivencia ente hombre y naturaleza en el Principado. En su interior, el visitante encontrará, además de una gran variedad de flora y fauna, ermitas románicas, como la de Sant Miquel d’Engolasters, rutas que transitan por antiguas sendas y lagos, así como una rica y variada flora y fauna.

Cuatro ideas para disfrutar del Valle del Madriu

Sant Miquel d’Engolasters

Esta ermita del siglo XII se encuentra apenas comenzada la ruta por el parque. Destaca por su campanario cuadrado de más de 17 metros de altura y en su interior se aprecia una reproducción exacta de las pinturas murales románicas que decoraban el ábside y el presbiterio

El Camí dels Matxos

Este camino empedrado que sigue una antigua senda de arrieros que transportaban carbón, familias de agricultores e incluso contrabandistas. Éste es un claro testimonio de la presencia del hombre desde hace más de siete siglos en este espacio natural.

Lago azul

Con 2.1 hectáreas de superficie, el lago Blau, a pesar de su nombre, tiene las aguas de apariencia turbia y una coloración un poco verdosa. El itinerario, técnico y de cierta dificultad, nos lleva a descubrir el Valle del Madriu, un valle que comprende una gran variedad de hábitats naturales, que constituyen al mismo tiempo una muestra bastante completa de los ecosistemas del Principado.

Dormir en un refugio

Dentro del valle hay hasta cuatro refugios situados en diversas cotas. Los refugios de Fontverd, Perafita y Claror, Estany de L’ila y Riu dels Orris, ubicados en enclaves únicos no son guardados, son de acceso libre.

Y después de un día caminando y descubriendo el valle, el viajero puede recargar energías en una borda, antiguas casas de labranza reconvertidas en restaurantes, y disfrutar de otra gran desconocida: la gastronomía andorrana. En todo el país hay más de 20 bordas, ubicadas en enclaves espectaculares, donde disfrutar de la hospitalidad y de la esencia del país. Caza, setas, trinxat, trucha, embutido…platos elaborados a partir de productos locales de gran calidad y cocinados según las recetas tradicionales.

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