Irlanda, la cultura del pub en crisis

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El pub, antes la principal atracción de Irlanda, está sufriendo un repentino declive, con el cierre de un establecimiento cada dos días. Pero según informa el diario Irish Times, la recesión no es la única culpable, puesto que también se trata de un cambio cultural.

 

Paul Cullen (Extractos.) – No hace mucho tiempo, la sociedad era esclava del pub. Las celebraciones de cumpleaños, comuniones o funerales al final acababan teniendo lugar en sus interiores oscuros. Se enviaba a los miembros de las familias a sacar de los locales a los bebedores reacios. De camino al trabajo, los más madrugadores se unían a los que salían toda la noche. La gente alardeaba de haber estado encerrada en salas pequeñas y húmedas durante toda la noche con grifos de cerveza.

Ahora, los pubs están cerrando a un ritmo de un local cada dos días, más de 1.100 desde 2005. Su declive se ha citado como otro ejemplo más de la decadencia rural, pero están echando el cierre los pubs de todas las áreas y de todos los tipos.

Para explicar el hundimiento del sector se han expuesto varios motivos. Durante gran parte de la década pasada, los dueños de los locales se quejaban por la prohibición de fumar y los cambios en las leyes sobre la conducción bajo los efectos del alcohol. Pero estos cambios se produjeron hace ya un tiempo, la prohibición de fumar comenzó a aplicarse en 2004 y los primeros cambios en las leyes sobre la conducción bajo los efectos del alcohol datan de la introducción de las pruebas aleatorias de alcoholemia en 2003.

Búsqueda de otros lugares de ocio

Otros afirman que está sucediendo algo más general: un cambio radical en nuestro modo de vida y, en especial, en cómo pasamos nuestro tiempo libre. “Parece que se está produciendo un cambio fundamental en el estilo de vida”, afirma Mary Lambkin, catedrática de márketing en el University College Dublin. “A medida que las personas se hacían más ricas y más sofisticadas, no estaban dispuestas a seguir sentándose en un pub sucio. La gente más joven en particular buscaba lugares más nuevos, más luminosos y más modernos en los que reunirse”.

Aunque reconoce la importancia de los pubs para el turismo y la existencia de establecimientos de calidad, es implacable con sus críticas. “Siguen existiendo pubs anodinos que no tienen nada especial que ofrecer. Muchos, con sus interiores oscuros y deprimentes y con sus barras mugrientas parece que no se han renovado desde 1954. Estos lugares no van a sobrevivir a la recesión y probablemente no merezcan sobrevivir”.

Los dueños de los locales advierten cambios tanto culturales como económicos. “La gente tenía mucho dinero y poco tiempo; ahora no tienen dinero y siguen sin tener tiempo”, comenta Padraig Cribben, director ejecutivo de la Vintners’ Federation of Ireland, que representa a 4.500 dueños de bares en el país.

Comenta que a muchos de sus miembros no les merece la pena abrir cuando no son horas punta. “Se ha convertido en un sector a tiempo parcial, un poco como la agricultura hace 20 años. Algunos pubs permanecen cerrados hasta las ocho de la tarde, o hasta el miércoles”.

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Sólo se sale el sábado

Geraldine Lynch, dueña de segunda generación del Cuckoo’s Nest en Tallaght, ha visto cómo el negocio entre semana ha descendido dos tercios como consecuencia de la recesión y otros factores. Pero al menos era algo predecible y podía tratarse con un mayor control en la gestión.

Y entonces comenzó a ocurrir algo alarmante: los fines de semana se acortaban. “Cuando era más joven, el fin de semana empezaba el jueves por la noche, pero la recesión ha acabado con eso”, comenta. “Y luego también empezó a descender la actividad el viernes. La gente venía después de trabajar, se quedaban para tomarse una cerveza y desaparecían”. Se acabó ese gran deseo de que llegara al viernes para salir y divertirse.

Lynch ve clientes con vidas cada vez más ocupadas, para los que el sábado es su único día libre de la semana. El sábado por la mañana lo dedican a actividades familiares o a correr, por lo que el viernes ahora es una noche para quedarse en casa.

A principios de este mes, un administrador judicial asumió el control del pub Co Roscommon, de Colman Byrne en Ballaghaderreen, poniendo así fin a la lucha de seis años de Byrne por mantener el negocio a flote. El negocio fue tirando antes de caer en picado por una serie de razones. La recesión y la emigración fueron algunos de estos factores, pero también hubo objeciones por parte de los vecinos a las licencias nocturnas, acabando así con el crucial negocio del sábado por la noche.

La sociabilidad desaparece lentamente

Pero además de los factores económicos, Byrne reconoció el mismo cambio cultural observado por los demás. “Ese elemento del carácter irlandés, la sociabilidad, está desapareciendo lentamente. La gente ya no sigue esa costumbre social como antes”.

Byrne afirma que en lugar de los clientes habituales que conversaban en el bar sobre asuntos locales, sus clientes eran más bien “gente joven que se ponía hasta las cejas de vodka y cervezas baratas en casa”. Algunos de los que lograban llegar al pub lo hacían con botellas pequeñas de alcohol pegadas a los muslos.

Conor Kenny también cuestiona nuestro concepto sobre nosotros mismos de ser personas sociables a las que nos gusta la compañía. “La generación a partir de 26 años y menos es totalmente distinta a las de antes”.

El resultado, afirma, es una generación con pocas ganas de pasar una noche tranquila, sentada en un pub. Según Kenny, trabajan mucho, beben mucho y salen a la hora a la que sus padres podrían haber regresado a casa para dormir.

Este es el otro gran cambio que afecta al sector del pub. El consumo de alcohol ha descendido alrededor de una quinta parte en una década, pero sigue desempeñando una función crucial en la vida irlandesa. El problema para los dueños de los bares es que cada vez se consume más alcohol en casa y no en lugares con licencia.

Reinventarse de cara a la comunidad

Según una investigación de Drinks Industry Group Ireland, hace una década, hasta el 80 por ciento del alcohol se vendía en los pubs y bares; actualmente, representa menos de la mitad de todas las ventas. Al anularse en 2006 la prohibición de la venta por debajo del coste, los supermercados se convirtieron en almacenes de bebidas y utilizaban el alcohol como reclamo para atraer a los compradores. “Se produjo una explosión en la oferta y un hundimiento del precio”, afirma Donall O’Keefe, director ejecutivo de Licensed Vintners’ Association, que representa a los dueños de pubs de Dublín.

De este modo, si bien el pub fue antes una institución bien definida, con un lugar central en la comunidad, hoy ha perdido su finalidad. Kenny afirma que el reto para los dueños es volver a ser importantes para la comunidad. “Se trata de reinventarse, de buscar los fundamentos. Los pubs no han sabido crear un mercado ni destacar puntos de diferenciación. Durante la era del Tigre Celta, ganaban dinero fácilmente y se olvidaron de salir y venderse a los clientes”.

Lambkin prevé más cierres y una oleada de consolidación mientras se produce una versión económica de la supervivencia del que posea mayor capacidad de adaptación. “Todas las poblaciones tienen un pub que destaca entre el resto. Sigue siendo un negocio viable para los buenos, que son los que lograrán sobrevivir”.

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