Breve historia de los terrados de Barcelona

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La progresiva industrialización del Raval, a mediados del siglo XVIII, exigía el levantamiento de nuevos edificios residenciales para trabajadores.

Florenci Guntín, fundador de Upstairs BCN – Construcciones baratas y rápidas que ahorraban gasto eliminando ─entre otros elementos─ el tejado de dos aguas que, hasta entonces, cubría las casas de la ciudad antigua. Así apareció el terrado: una cubierta ligeramente inclinada para recoger el agua de las lluvias que salía al exterior, sobre los sufridos transeúntes, por unos conductos abiertos a una barandilla de obra.

Con los primeros terrados llegan nuevas prácticas domésticas: se seca la ropa, se acumula el agua en depósitos, se crían conejos, gallinas o palomas. Algunos artesanos encuentran la luz y el ambiente seco imposible a los oscuros y húmedos locales de los bajos.

El terrado es un solución constructiva propia del Sur del Mediterráneo, omnipresente en la casbah ya las medinas, impensable en latitudes más altas.

Con el derribo de las murallas y la progresiva anexión de las antiguas villas de Gracia, Sant Gervasi, Santos, Huerta o Sarrià, la azotea cubre las nuevas edificaciones. Todavía es un espacio marginal en donde se celebran las verbenas o se aprovecha la luz por los retratos fotográficos. Con la aparición de los ascensores y, más adelante, las “remontas” sobre los edificios del Eixample, se invierte la jerarquía entre los pisos del edificio moderno, y el suntuoso “principal” cede el protagonismo a los áticos y sobreáticos privados.

Los cálculos sobre la extensión de los terrados en Barcelona varían. Hay estimaciones cercanas a las 6.000 hectáreas. En un informe reciente, el Ayuntamiento de Barcelona afirma que son 2.500 Ha., un 67% de las cuales son terrados. Es decir: 17,6 millones de metros cuadrados.

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